Comida de pobres

En estos días de confinamiento en los que una estiraba el contenido de la despensa con imaginación para no tener que salir a comprar, he rescatado uno de los tesoros heredados de mi padre:  el libro “Cocina para pobres”, ilustrado por el gran Mingote. El autor, Alfredo Juderías, reúne recetas tan sencillas como tradicionales, descubriéndonos cómo la cocina ha sido durante siglos una suerte de arte milagrosa que convertía en algo apetitoso lo poco con lo que se contaba en las alacenas para cocinar. (Esa combinación maravillosa de aceite de oliva, cebolla ajo y perejil que salva cualquier cosa en este país)

Han sido siglos de historia en los que los españoles se alimentaban de “sopa boba” o de “patatas a la importancia” (que tenían en mi abuela a su máxima difusora).  Yo misma recuerdo en mi infancia la frecuencia con la que las patatas guisadas eran la única opción para cenar. Platos económicos pero sabrosos que poco a poco se hicieron también nutritivos al añadir más verdura fresca, trozos de carne y pescado a esas cazuelas llenas de agua con “lo que buenamente hubiera”.

Mucho ha cambiado el cuento desde entonces, pero nuestros hábitos alimenticios siguen siendo una foto de nuestro nivel socioeconómico, porque comer fresco y variado, como recomiendan los médicos, se está convirtiendo en un lujo al alcance de pocos.

Las ONG, centros de salud y hasta centros educativos intentan mejorar los hábitos de consumo de las familias, pero se topan con los elevados precios de los alimentos saludables frente a la atractiva oferta de los “ultraprocesados” que además de ser sabrosos se cocinan en un pispás.

Otro aspecto, aún más triste si cabe, es el cultural. En países de América Latina o África, los ultraprocesados son además vendidos como “la comida de la gente que progresa”. La televisión muestra a los protagonistas de telenovelas alimentándose de Nuggets de pollo y bebiendo refresco de cola a todas horas. En África, las pastillas de concentrado saborizante (que aquí estamos dejando de consumir por ser poco saludables) para sazonar absolutamente todo están a la orden del día.

El resultado de este fenómeno es un incremento lento pero seguro de obesidad y diabetes. Esta última ya se ha convertido en la primera causa de mortalidad en países como Ecuador donde en provincias como Chimborazo, muchos campesinos indígenas venden la práctica totalidad de su producción agropecuaria en los mercados locales para comprar gaseosa, fideos  y latas de atún. Las ONG concentran aquí sus esfuerzos en convencerles de guardar algo de su producción para el autoconsumo y la vuelta a la gastronomía tradicional mucho más sana y nutritiva (donde estaba muy presente la famosa quinoa que ha pasado de ser ingrediente tradicional a lujo para occidentales).

En la otra punta de esta realidad está la del occidental obsesionado que considera retraso repetir dos veces el menú de un día, y sobrecarga de proteína cárnica y embutido su dieta habitual. En este sentido sus hábitos son tan nocivos como el del “pobre”. Entiendo que detrás de esto está su “trauma infantil” de sobredosis de sopa de ajo y patatas guisadas con poco más, pero transformarnos en carnívoros insaciables no es la reacción más saludable, ni para nosotros ni para el planeta. Las clínicas occidentales están más llenas de enfermos “por exceso” que “por defecto”.

Mientras tanto, los agricultores protestan – cargados de razón – por lo bajísimo de sus precios de venta respecto a los del consumidor final. Esta semana se han registrado incrementos de hasta un 1500% en productos como la cebolla. 

La foto pues muestra un productor en riesgo de pobreza y un consumidor pobre que no se puede permitir comer verduras frescas. Lo que hay en medio de todo eso es mucho más que “mercado”. Es DESHUMANIZACIÓN.

Todo esto es sólo una pequeñísima muestra de lo que era y sigue siendo “la normalidad” en términos de alimentación. Otra de tantas normalidades a la que no deberíamos volver.

Estamos muy lejos de esa máxima hipocrática de convertir nuestro alimento en medicina y viceversa, pero nunca hemos estado más cerca de poder conseguirlo.

¿Vamos a por ello?

Publicado por Maite Catalá

Buscando la forma de poner entre todos más sentido común y MAS AMOR en este mundo

Un comentario en “Comida de pobres

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