Pensando en progresar

“Hay que ver cómo se las ingenia la gente cuando no hay recursos”, es lo que uno piensa cuando ve por primera vez una bicicleta transformada en lavadora. También he visto bicicletas exprimidoras de fruta y creo que todos conocemos las bicicletas afiladoras de cuchillos.

Es curioso comparar esta foto con la de esos gimnasios que se estilan ahora, en los que cualquiera que pase por la calle puede ver a los sudorosos usuarios dándole a la bicicleta desesperados a la salida del trabajo para descargar tanto estrés. (O al menos en la foto pre-covid)

Los que usan la bici-lavadora se ahorran el gasto eléctrico y el gimnasio, mientras que los estresados trabajadores pagan religiosamente todos los meses por ambos conceptos.

Hace poco me vi obligada a comprar una lavadora nueva porque se rompió una pieza que ya no está en el mercado. Era una máquina de esas que se fabricó cuando aún no estaba tan en boga la aplicación de esa perversión en la manufactura conocida como obsolescencia programada. La lavadora estaba perfecta, funcionaba bien, pero era imposible repararla. O al menos lo es aquí, porque estoy segura de que en Cuba se las habrían arreglado para hacer al menos un apaño que me permitiera usarla algunos años más. (No hay más que ver el milagro que han hecho los cubanos conservando durante décadas el mismo parque móvil). Así que tocó comprar otra, y para mi preocupación, está llena de componentes electrónicos. Nada más verla, pensé en lo costoso que sería repararla si alguno de estos componentes empezara a fallar, y deseé vivir en algún lugar como Cuba, donde viven los reyes de la reparación y el reciclaje.

Hemos dejado que nuestras economías – que nuestros países – vivan de la fabricación y consumo de productos que, o bien no necesitamos, o bien necesitándolos, se estropean a la primera de cambio.  

A veces tengo la impresión de que medio mundo hace de la necesidad virtud, inventando bici-lavadoras, mientras nosotros hacemos de la no-necesidad un vicio. Y cuando elevamos este vicio a la enésima potencia se convierte en degradación. O sea, lo contrario de progreso.

Los detractores del teletrabajo han descubierto en los últimos meses cómo sus prejuicios se desvanecían ante los datos objetivos:  los empleados siguen rindiendo, en algunos casos, incluso más que cuando lo hacían presencialmente. Y en general, todos están de acuerdo en que trabajar en casa facilita la conciliación, aunque sólo sea por el ahorro de tiempo que supone no tener que desplazarte a otro lugar todos los días.

Pero en este mundo nuestro en el que el consumo es el rey, el teletrabajo es una revolución anti-sistema: dejamos de usar el coche, de comer en el restaurante de abajo, de pagar alquileres de oficinas, e incluso de comprar ropa que ya no necesitamos para ir a trabajar…

El consumo se ha convertido en el pilar de nuestra economía, tanto para los nacionales como para los extranjeros que solían venirnos a visitar. Pero ¿acaso es sostenible una economía basada en algo así? El consumo está sujeto a los gustos, a las modas, a lo que en los medios se diga que es mejor o más bonito, y el turismo es cada vez más volátil cuando dependemos de que las medusas no invadan las playas o no le dé a un loco con mochila-bomba por hacer de las suyas en un paseo marítimo. (Y esto sin virus)

Mientras tanto, cada día hay noticias de empresas que echan el cierre dejando a miles de trabajadores en la calle porque aquí ya no son rentables. Más carne de paro y renta mínima.

A veces me pregunto si no somos realmente capaces de pensar en vivir de algo que no sea efímero, como estas fábricas que huyen, perverso como los móviles hechos con coltán congolés, o perjudicial para el planeta como es casi todo lo que hacemos.

En estos días los gurús de la economía hablan de muchas nuevas ideas de negocio que surgen tras la pandemia ¿Podremos llamar “progreso” a alguna de esas nuevas ideas?

“La prueba definitiva de la calidad de nuestra cosmología es la clase de vida que produce”, dijo  Henryk Skolimowsky, PhD en filosofía por la Universidad de Oxford.

Ojalá estas nuevas ideas puedan decir mucho, y muy bueno, de nuestra nueva cosmología. Esa sí sería una buena nueva normalidad.

Publicado por Maite Catalá

Buscando la forma de poner entre todos más sentido común y MAS AMOR en este mundo

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