A vueltas con el campo

Ver a mi amigo Juanito, campesino ecuatoriano y ex-director de una ONG local transformado en “youtuber” ha sido para mi toda una sorpresa. Le creía tranquilamente retirado en su casita del campo, entregado al cuidado de sus tomates orgánicos y me lo encuentro esta mañana en el Facebook, con el espíritu luchador de siempre, para hacerse eco de las pésimas condiciones en las que, a pesar de los años y los planes de los gobiernos de turno, siguen viviendo los pequeños agricultores de su país.

La jubilación, lejos de aparcarle, le ha facilitado las condiciones para transformarse en activista en redes con la ayuda de su hijo mayor.

Sus reivindicaciones me resultan familiares… precios ínfimos para el productor que no cubren los costes, aislamiento, falta de acceso a maquinaria agrícola y a tecnología en general, inseguridad alimentaria y abandono por parte de las instituciones del mundo rural.

Indignado, Juanito lanza su pregunta al universo global: “¿cómo creen que nadie quiera vivir del campo en semejantes condiciones?” Parece como si hubiera un pacto mundial contra el pequeño agricultor que sin embargo, como aquí, ha estado en primera línea en estos tiempos de covid. Las azadas no descansan, pero su calidad de vida no deja de empeorar.

Cargado de razón, reivindica el establecimiento de precios mínimos, de planes integrales a largo plazo que aporten mayor estabilidad al sector.

No somos pocos los que aquí nos animaríamos a volver a habitar esa España vacía que también reivindica su dignidad, si hubiera unas mínimas condiciones de bienestar garantizadas: transporte, salud, escuelas, banda ancha… Sin duda nuestras superpobladas ciudades lo agradecerían, y nuestra patria vaciada también.

Mientras tanto, aquí en Madrid, en el huerto vecinal tenemos un fan de 2 años que desde que lo conoció prefiere ir a ver cómo crecen los tomates que subirse a los columpios del parque.

Sus padres creen que es importante que Marcos sepa “de dónde vienen las cosas de comer”. Pronto podrá comprender que cada tomate es fruto del infravalorado trabajo de un agricultor. Ese mismo al que la antigua normalidad lleva años dando la espalda.

Publicado por Maite Catalá

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