¿ABURRIQUÉ?

Los psicólogos están de acuerdo: los niños que más tienen son también los que más se aburren. El consumismo desenfrenado que caracteriza a nuestra sociedad está haciendo especial mella en los más pequeños. Las consecuencias son alarmantes, pero estamos a tiempo de aprender.

Me aburro” es una frase que siempre pronuncian niños rodeados de juguetes.

Según la psicóloga infantil Sara Tarrés tenemos sometidos a los niños a un ritmo frenético, a un exceso de estímulos que, lejos de entretenerles, les produce desinterés y falta de atención hacia algo concreto.

Nuestra obsesión adulta por controlar el tiempo de nuestros hijos, cargándolos de actividades extraescolares, les incapacita para desarrollar una adecuada gestión de su propio tiempo.  Y no nos engañemos, los críos no están entretenidos, sino abrumados. Sin darnos cuenta, estamos frenando su capacidad de imaginar, su creatividad, su invención.

Por si esto fuera poco los niños y niñas cada vez participan menos en las tareas del hogar. Según la web etapainfantil.com, implicarlos en los quehaceres domésticos estimula su capacidad de colaboración, su sentido de la organización y les aporta seguridad en si mismos.

No hace falta pensar mucho para darse cuenta de que son precisamente estas cualidades – imaginación, creatividad, seguridad en sí mismos, capacidad de colaboración – las que más van a necesitar de adultos para aportar soluciones a los problemas del siglo XXI.

¿Puede la humanidad permitirse el lujo de condenar a la incapacidad a los menores, en las circunstancias con las que previsiblemente tendrán que convivir? Ya es un hecho que el cambio climático está empezando a destrozar algunas economías, forzando la migración y aumentando los niveles de pobreza. El mundo está cada vez más polarizado, los nacionalismos surgen como setas por doquier y el discurso del odio cala cada vez más profundamente en las almas de miles de humanos poseídos por el miedo. Mientras todo esto ocurre, malcriamos a la que será conocida como generación V (de vulnerable), si no hacemos algo y lo hacemos ya.

Afortunadamente, esto solo pasa en una parte del mundo. Hay otros niños y niñas, que no saben lo que es aburrirse.

Hace unos días, en Lunsar, Sierra Leona, un grupo de niñas en edad escolar intercambiaba opiniones con sus coetáneos mexicanos, unos y otros alumnos de los colegios de las Misioneras Clarisas en ambos países.

Los mexicanos se preguntaban cómo habían podido en Sierra Leona sobrevivir el confinamiento sin aburrirse. Las misioneras tuvieron que explicarles el concepto de aburrimiento porque en el idioma local, el Krio, la palabra simplemente no existe.

Cuando pudieron comprender su significado, las africanas rieron. “¡Nosotras jugamos con lo que hay a la mano, pero también vamos por leña, por agua del pozo, lavamos nuestra ropa…Aquí no podemos aburrirnos!”.

Y en un gesto de empatía lamentaron que sus compañeros al otro lado del océano no pudieran tener esa satisfacción.

El sentido común nuevamente se impone: frenar nuestro brutal consumismo hará de nuestros hijos personas creativas, solidarias y resilientes. Si necesitan consejos para ponerlo en práctica, desde Lunsar, Sierra Leona, con gusto les ayudarán.

Publicado por Maite Catalá

Buscando la forma de poner entre todos más sentido común y MAS AMOR en este mundo

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